El Viaje de Nox (Paula Álvarez Santamaría)

Nox, un niño que vivía en la región de Menfis, quería ser un gran escriba y filósofo, pero eso sólo lo sabían él y Sejmet. Sejmet es la leona que su padre (un conocido general del faraón) le regaló por su cumpleaños y él le brindó el nombre de su diosa favorita.

Nox, no vivía tan mal, pertenecía a la clase media alta y no tenía que trabajar para poner comida en su mesa. Hasta que su madre enfermó y tuvo que estar a cargo de ella, ya que su padre debía entrenar a diario. Finalmente, no pudo hacer nada por su vida, pero supo afrontarlo, lo que no se esperaba es lo que pasaría después: tras la muerte de su madre, su padre cayó en depresión, hasta que un fatídico día uno de sus enemigos le venció y, digamos que no tuvo piedad con él.

Nox, fue adoptado por un conocido filósofo llamado Panteno (amigo de su padre), trasladándose a vivir a Alejandría, ciudad famosa por su Biblioteca y sus filósofos, donde le enseñó el poder de la palabra. Sin embargo, ese sueño de niño que tuvo se esfumó rápidamente y decidió ser un guerrero como su padre. Ahora más que nunca recordaba cuando era pequeño y pensaba ante la colosal estatua de Ramsés II ser un gran luchador. Pero para ello necesitaba un caballo, el más rápido de Egipto, así que buscó por muchos establos hasta que lo encontró: era una yegua llamada Nutt, de color bronce claro, con una raya blanca en la frente. Todos los días la veía galopar y su sueño era conseguirla. Una mañana se fijó en su establo, pero no estaba, dio una vuelta y le sorprendió verla atada a un carro de la guardia del Faraón, el carro pronto se fue y se dirigió a Palacio. Él volvió corriendo a casa, cogió a Sejmet y siguió el carro. Cuando estaban cerca de la pirámide de Keops, un mercenario atacó al guarda, destrozó el carro y dejó a la yegua sola. Nox la cogió y escapó junto a Sejmet. Al principio, fue difícil domarla, pero con el tiempo, lo consiguió, se sentía como el faraón.

Pasaron los años y él creció, siguió los pasos de su padre luchando en las guerras, y a veces, dejaban que Sejmet participara para ganar a más enemigos. Era la edad de oro de su vida en el ejército, el Gran General. Pero su felicidad duró poco, ya que se sentía muy solo, a pesar de la compañía de Nutt y Sejmet.

Cuando pasaba cerca de una fortificación romana en el Norte de Alejandría, vio presa a una niña de aproximadamente unos 9 años de edad y sin pensarlo dos veces, la salvó. Al principio la niña desconfiaba, pero al final, se dispuso a hablar: le dijo que se llamara Kira y que sus padres habían muerto incinerados por los romanos para quedarse con sus propiedades.

Él se presentó y miró a la niña, le dijo: ¿Ves aquella hiena?, coge mi arco y cázala. Solo tendrás una flecha, Sejmet te cubrirá. La niña accedió, y se dirigió hacia la presa, apuntó y disparó. Dio en el blanco y volvió hacia Nox. Él maravillado preguntó si sabía luchar, pero ella dijo que solo sabía utilizar el arco, ya que le encantaba la caza.

Nox la montó en el caballo y siguieron, volvía a su hogar. Pronto anocheció y se recostaron al pie de una pirámide (la de los juegos de un niño trepando a escondidas a su escalonada cúspide) Saqarra: la ciudad de los muertos, la de las catorce falsas puertas, el lugar más seguro del mundo porque no hay más que silencio.

Al amanecer Nox se despertó enterrado en la arena. Les había sorprendido una tormenta de arena durmiendo. No había nada alrededor. Gritó, pero nadie contestaba, notaba la falta de agua. Hasta que decidió llamar a Nutt. Ella rauda y veloz, acudió a su amo y le tiró las riendas, él las cogió y la yegua le desenterró. Cabalgó hacia el sur, pero no había ningún rastro, hasta que divisó un río. Se paró a beber agua y se fijó en el fondo, había algo raro, se lanzó al agua y encontró a Kira, estaba muerta. En ese momento rezó a los dioses para que tuvieran piedad. Siguió su camino en busca de Sejmet, pero no la encontró.

Regresó a Memphis, volvió a combatir, pero sin energía, la muerte de Kira había dejado un gran vacío en su corazón, se disponía a enfrentarse a su último rival cuando la vió: Allí estaba Sejmet, pero distinta. La llamó, pero no hizo caso y saltó hacia él. De un zarpazo, le arrancó uno de sus ojos. Nox no tenía más remedio que matarla y ella, en sus últimos segundos de vida, le reconoció y le lamió el hueco sangrante. Tras estos acontecimientos, decidió vivir solo con su yegua y ayudar a los demás, las últimas palabras que dijo antes de volver a empezar fueron: “Horus; mi ojo ha sido un sacrificio para que tengas piedad de mis amigos”. Así es como empezó su nueva vida.

Se hizo adulto, había recorrido todos los desiertos y lugares de Egipto: desde Luxor, hasta Asuán a llegar a Abu Simbel, pero ni siquiera el fascinante templo de su faraón favorito disminuía su dolor.

Se escondía en una capucha romana, sus armas estaban a la vista de todos y su corazón, cerrado y cubierto de espinas. Había cambiado demasiado, los que habían conseguido ver su rostro solo se acordaban de su parche negro y su cicatriz que se alargaba a través de él. Combatía con quien fuese para ayudar. Se presentaba con un caballo blanco, de su yegua sabemos poco. No quería el dinero para nada, los dioses le protegían, en las ciudades era respetado y si te enfrentabas a él, bueno, prefería la espada antes que las palabras.

Lo único que conservaba de su antigua vida era el arco que le había prestado a aquella niña. Ya no le cogía cariño a nada y era un experto en aguantar el daño físico y psicológico. Pero pasó algo que cambió su vida otra vez. Como cada mañana, muy temprano, iba paseando tranquilamente por Alejandría hacia el faro donde descansaba y escribía, cuando vio algo raro.

Un chico había desenfundado su espada y se iba a enfrentar a los Gemelos, los guerreros más fuertes y conocidos de la Guardia Personal de Julio César. Nox, paró a los Gemelos antes que hicieran una catástrofe, ellos se fueron, pero el chico les siguió con la espada en la mano. ¿Qué haces? Preguntó Nox. El joven le observó con atención y se dio cuenta quién era. Espera, tú eres Nox, ¡El guerrero tuerto! En las guerras se te conoce como Parche de Halcón, eres una leyenda. Por favor, sería un honor ser tu aprendiz. Lo dijo tan alto, que varias personas se acercaron. Antes de que Nox contestara, un padre y su hijo se pusieron a su lado. Hola, soy Phylak, mi hijo quiere que le entrenes, dijo el hombre, te daré todo lo que quieras. Lo siento, pero yo trabajo solo, y menos doy clases, no podría hacerle ese favor. Los dos se fueron, y Nox, de broma se dirigió al chico y le preguntó: ¿Y tú qué me das? A lo que el chico contestó: Señor, soy pobre, pero le aseguro que le doy mi honor y mi espíritu. Esas palabras conmovieron a Nox y dijo: Tranquilo, móntate en mi caballo.

Por el camino le preguntó por qué quería matar a esos dos guerreros, él solo dijo que quería vengar la muerte de su padre. Nox se quedó callado, pero al final contestó diciéndole que no importaba y que olvidara su pasado. Tras unos minutos el chico dijo que se llamaba Sri, y le preguntó cuál era su verdadero nombre, a lo que él respondió:

“Me llamo Nox”. Nox quería probar la valentía de aquel chico que acababa de conocer. Así que decidió que se metiera en una gran pirámide abandonada desde hace mucho tiempo, y que cuando llegara a la cámara del difunto, encendiera una antorcha para que él posteriormente pudiera entrar y comprobarlo. Sri accedió. Ya dentro de la pirámide, se fijó mucho en sus jeroglíficos: representaban la vida del faraón, un chico feliz y guerrero, que acompañaba a su pueblo en las guerras y nunca se rendía. No sabía leer, por lo que no podía saber cómo se llamaba, pero si podía imaginar a través de los dibujos su vida. Sin darse cuenta, Sri llegó al pedestal del faraón y prendió una antorcha, estaba tan maravillado con las pinturas de la tumba que no se fijó en que se le había caído la antorcha, de repente, todo empezó a arder. Nox se adentró en la pirámide en cuanto olió el humo, no había ni rastro de Sri.

Al principio quiso abandonarle, pero no pudo, cortó las riendas de sus caballos y las ató a la tumba del faraón, acto seguido descendió por el único lugar posible: el canal de aire, si iba por el pozo moriría. Nox pronto llegó al fondo, pero había demasiada oscuridad para ver nada. Él siempre estaba preparado, cogió la antorcha que guardaba para casos especiales y divisó un camino, en él se veía a Sri tirado en el suelo y acto seguido, una extraña criatura que desapareció ante el fuego. Nox actuó con rapidez, una serpiente había mordido al muchacho, estaba muy pálido. La picadura estaba consumiendo su vida poco a poco. Rápidamente Nox le cogió en brazos y se dirigió corriendo a la salida, allí le esperaban Nutt y su caballo blanco. Nox se montó en la yegua y ató a Sri en su caballo.

Galoparon hasta que divisaron una ciudad en busca de un médico y lo encontraron. Se llamaba Hesy-Ra en honor a un famoso médico que tenía ese nombre. Les contó que si hubieran llegado un minuto más tarde él hubiera muerto. Le curó y le dijo a Nox que tenía que reposar unos días, pero que estuviera tranquilo, que él le cuidaría. Nox esperó dos días para que Sri se recuperase, mientras compró nuevas riendas para los caballos, provisiones, agua y preparó sus armas.

Partieron al alba y volvieron a Alejandría, allí Nox conoció a la madre de Sri, que guardaba un papiro que su marido le dio antes de morir. Solo sabía que su marido le había dicho que lo guardara como un tesoro. Nox lo desenrolló, volvieron a él los recuerdos de su infancia en Alejandría, había visto muchos papiros como ése en la Gran Biblioteca como la llamaba Panteno. Decía: “Digno del escarabajo serás, sino dañas ni matas”, también tenía una dirección de una casa de Memphis, que Nox conocía muy bien. La madre de Sri pareció entenderle y le preguntó si esa era su antigua casa, pero él contestó que no. La suya estaba más al oeste, dijo que esa era la casa de su amigo Kuh, un chico con el que se crió toda la vida, que quería luchar en las guerras como él, pero no lo consiguió porque no era demasiado fuerte. Era mi mejor amigo, pero a él no le cogieron y a mí sí, él lo celebró igualmente y me preguntó si podía ser una especie de aprendiz como tú, yo acepté encantado. Pasaron los años, él se casó y cuando esperaba un hijo decidió retirarse. En esa época yo tenía muchos enemigos gracias a mi éxito y al final, fueron a por él y su mujer, Contestó Nox. Sri decidió callarse, ya que a Nox se le veía muy afectado.

Cuando llegaron, a Nox se le calló una lágrima y se dispuso a ver toda la casa. Le explicó a Sri lo que hacían Kuh y él cuando eran pequeños, recordó que había una caja de madera enterrada que los padres de Kuh y él no le dejaban desenterrar y menos abrir. Se acordó perfectamente del lugar y en ella encontraron una parte de un mapa, que no tenían final, ya que faltaban otras partes. Nox se puso a examinar la caja, en la parte inferior encontró unas palabras escritas en rojo: “Si los otros cuatro trozos quieres encontrar, a las estrellas desde este templo tendrás que mirar”. Nox miró a Sri, que subía rápidamente las escaleras hasta la parte superior de la casa. Cuando Nox subió al porche, vio a Sri sentado en el borde mirando el atardecer, se le veía triste. Nox le preguntó qué pasaba y él dijo que echaba de menos a su padre. Nox le puso una mano en el hombro y le dijo: Tu padre nos está mirando desde la Duat y te está diciendo que no te rindas y que está orgulloso de ti. Estas palabras animaron al muchacho, que rápidamente se secó las lágrimas y le sonrió. Nox sintió que él era una especie de padre para él y le devolvió una sonrisa.

Pronto anocheció y las estrellas estaban brillantes, avanzaban en línea recta hasta donde la vista pudiera mirar. Nox y Sri se montaron rápidamente en los caballos y las siguieron. Acabaron en medio de un gran desierto y empezaron a excavar justo donde la última estrella se localizaba. Al amanecer, dieron con otra parte del mapa, era otra esquina, pero con la falta de trozos, las líneas no concordaban. Estaban felices, pero pronto la felicidad se convirtió en duda: el trozo estaba enterrado así sin más y no había nada alrededor. Cuando estaban a punto de abandonar, un viejo mercader les llamó, les dijo que había esperado treinta años a que alguien desenterrara esa parte del mapa. También les contó que se dirigieran al faro de Alejandría, porque el siguiente trozo estaría allí. Nox y Sri se miraron a los ojos felices, cuando dirigieron su mirada al mercader él ya había desaparecido, así que continuaron su camino.

Se disponían a entrar cuando vieron la puerta cerrada. Sri dijo que tendrían que esperar hasta que anocheciera, pero Nox no tenía mucha paciencia, así que de una patada abrió la puerta de par en par. Los dos subieron las escaleras y llegaron a lo alto. Buscaron en todas partes, pero no había ni rastro de nada, Nox se dio por vencido y le dijo a Sri que abandonara y volviera a casa, cuando bajaban las escaleras, Sri se fijó en la estructura de las piedras, y vio que una era diferente a las demás, la tocó y vio que no estaba bien adaptada a la construcción, tiró de ella y vio un papiro enrollado, lo cogió y llamó a Nox, que sorprendido le felicitó dándole un flojo golpe en la espalda. Era otra parte del mapa. Al fondo en una roca había unas palabras talladas: “Veo que es ágil tu mirar, a Thot debes ir a rezar”.

Nox sabía perfectamente donde se encontraban los templos de los dioses en Alejandría, así que no fue difícil encontrar el de Thot. Una vez allí se pusieron a buscar en la parte exterior, pero no había nada, tenían que entrar, pero a la parte más interna donde se encontraba el dios, sólo podían acceder los sacerdotes. Al anochecer, dos sacerdotes terminaron de rezar, y al salir, les asaltaron y robaron sus ropas. Entraron en el templo, aun siendo de noche, había muchos sacerdotes y tuvieron que buscar con cautela. Sri estaba mirando la parte izquierda de la capilla, cuando se giró y vio a Nox mirando fijamente la estatua, cuando se fueron todos, Nox empezó a trepar por ella. Sri desubicado, le preguntó qué hacía, pero no le hizo caso, Nox se acercó al pico abierto de la estatua y sacó de él otra parte del mapa. También había grabada una frase: “Muy ágil debes ser, vete al lugar donde más pergaminos debe haber”. Cuando Nox bajó de la estatua, Sri le preguntó si estaba loco y si estaba contento por haber desafiado a los dioses. Cuando Nox iba a contestar, un ibis entró volando en el templo y se posó en la estatua, inclinó la cabeza en símbolo de respeto y acto seguido, Sri y Nox también, después el ibis se fue volando, Thot les había perdonado.

Cuando Nox se giró para decirle algo a Sri, él se abalanzó sobre él abrazándolo con fuerza, le dijo unas palabras que no olvidaría jamás: Eres el mejor Nox, perdona por lo que te dije antes, ojalá hubieses sido mi padre. Estas palabras conmovieron a Nox que le abrazó. Siguieron su camino, Nox se sentía con más energía que antes, una energía que casi había olvidado. No estaban seguros, pero creían que el siguiente trozo estaría en la biblioteca de Alejandría.

Cuando entraron se quedaron anonadados ¡Había tantos papiros que podrían tardar años en encontrar aquel trozo! Sri tuvo una idea: preguntó al bibliotecario si había algún pergamino enrollado junto a un trozo de tela o lino. El bibliotecario contestó que sí, pero que ya habían preguntado por él y se lo habían llevado. Nox sobornó al bibliotecario para que le dijera cómo era y a dónde se dirigía. Buscaban a un hombre romano, atractivo, de estatura media o alta, vestido con ropas elegantes y seguido por un séquito. También les dijo que tenía prisa y que se dirigía a Menfis.

Nox y Sri le dieron las gracias al bibliotecario y se pusieron en camino a Menfis. Cuando llegaron, vieron en un templo a ese hombre: estaba muy bien protegido, parecía esperar a alguien. La defensa no era muy abundante, sacaron sus armas y cuando se disponían a atacarle, no pudieron. Saliendo del templo, se encontraron a la faraona Cleopatra cogiendo de la mano a un niño de aproximadamente unos dos años de edad que andaba torpemente hasta el hombre, que sonrió. Le alzó hacia el cielo y le abrazó con fuerza, después le dejó en el suelo y abrazó a Cleopatra. Tras estos acontecimientos el niño giró la cabeza y vio a nuestros protagonistas con las armas alzadas.

Dijo: Mira papá, señalándoles con el dedo. Él no tardó mucho en reaccionar, cogió al niño en brazos y junto a Cleopatra se metieron dentro del templo, a la vez que decía: “Guardias intentan asesinarnos”. De la entrada aparecieron aproximadamente unos 20 guardias fuertemente armados. Nox y Sri se montaron corriendo en los caballos y tras unos minutos de persecuciones consiguieron escapar.

Nox miró a Sri con una mirada de alivio, pero él estaba asustado y sentía escalofríos. Cuando se tranquilizó, le dijo que creía que era un emperador romano llamado Julio César y también que el niño se llamaba Cesario. Por una vez en su vida Nox no sabía qué hacer y qué decir, estaba mentalmente bloqueado. Sri le dijo que creyó ver el trozo del mapa que faltaba en la montura del caballo del emperador. Nox le agradeció su ayuda y dijo que volviera a casa con su madre mientras él intentaba recuperarlo. Sri accedió, se subió a Nutt y desapareció.

Nox se dirigió a los establos que estaban cerca del templo y en efecto, en un caballo vió lo que buscaba. Para despistar al guardia que lo custodiaba, rompió la valla de una cerca donde estaban los caballos de otros guerreros. Por suerte, el guardia no era muy listo y siguió a los caballos. Nox aprovechó y robó la montura. Sri juntó todas las partes, pero no cuadraba nada, lo puso de mil formas diferentes, pero siguió sin cuadrar.

Al final, lo puso en su forma original y le dio la vuelta. Ponía un mensaje:

“Espero que el lector seas tú, Nox, solo quería decirte que la mejor aventura que puedes vivir es la que con tus amigos puedes compartir”. Firmado: Kuh.

Nox no pudo contener las lágrimas. Eran las lágrimas de un hombre que había perdido demasiadas cosas en su vida. Nox le preguntó a Sri qué iba a hacer ahora, a lo que Sri contestó que cualquier cosa mientras estuviera con su maestro. Nox le corrigió: “Eres mi hijo”.

Pasaron muchos años más, Hesy Ra se hizo anciano e impartió clases de medicina a los más pequeños, uno de ellos se llamaba Nox, era el mejor de la clase, siempre volvía a casa al atardecer, cuando terminaba de jugar con sus amigos. Era muy feliz, su padre era un gran guerrero, le llamaban Sri “El magnífico”. Cuando no estaba combatiendo, impartía clases de filosofía a los curiosos que se reunían en las plazas.

Cada tres meses, Nox iba con su padre a ver la tumba del hombre que le inspiró a luchar por lo que quería. Ese hombre no solo significaba algo para Sri, sino también para Nox; era el hombre que le había enseñado a luchar, además le regaló una cosa que nunca olvidaría: su querido arco.

Nox amaba a los animales, aunque nunca había probado domar uno. Un día algo le animó a dirigirse hacia el oasis, escuchó un maullido, sacó el arco y se dirigió hacia el ruido. Vio a una cría de león siendo atacada por una hiena, apuntó, cerró los ojos y antes de disparar escuchó unas palabras: “Ves aquella hiena, coge mi arco y cázala. Solo tendrás una flecha, Sejmet te cubrirá”.

De repente, abrió los ojos y disparó, dió en el blanco. ¡No se lo podía creer! Se acercó corriendo a la cría, que se colocó en modo defensivo. Nox le dijo que no pasaba nada y se acercó hacia él. Era una leona y tenía una pata herida. Se la llevó a casa en brazos; la curó y la lavó.

Tenía que elegir un nombre, pero no lo sabía. Agarró el arco con fuerza, cerró los ojos y se trasladó al mismo lugar de antes. Se quedó quieto.

Vió a un niño de su edad corriendo por el bosque, le seguía una gran leona, el niño decía: “Corre Sejmet, corre a ver si me alcanzas”.

Después, volvió a la realidad. Su padre estaba enfrente preguntándole qué hacía con un león en casa. Él le contó toda la historia y Sri le dijo que podría quedársela, antes de irse le preguntó si tenía un nombre, él contestó tengo el nombre perfecto: Sejmet.

Tras decir estas palabras, agarró a Sejmet y los dos se fueron a compartir sueños y amistad.